Poblaciones del Maresme

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Caldes d'Estrac

Paseo de los Ingleses de Caldes d'Estrac
Hotel colon de Caldes d'Estrac
Playa de Caldes d'Estrac
Vista de Caldes d'Estrac
Riera de Caldes d'Estrac
Fundación Palu de Caldes d'Estrac
Paseo de los Ingleses de Caldes d'Estrac
Hotel colon de Caldes d'Estrac
Playa de Caldes d'Estrac
Vista de Caldes d'Estrac
Riera de Caldes d'Estrac
Fundación Palu de Caldes d'Estrac

Información básica

  • Habitantes: 2.873
  • Superfície: 0,90 km2
  • Altitud: 33 m.
  • Densidad: 3.192 h/km2

Comunicaciones

  • C-1 Renfe
  • A Barcelona Mataró i altres poblacions
  • C-32 / N-II Distancia a Barcelona 35 Km. i a Mataró 8,5 Km.

SITUACIÓN

 

Caldes d’Estrac es el paradigma de aquel dicho catalán que dice que en el bote pequeño hay la buena confitura. Siendo el cuarto término municipal más pequeño de todo Cataluña, de 0,74 Km2, el municipio disfruta de una situación privilegiada, protegido por la Cordillera Litoral y de cara al Mediterráneo.

 

HISTORIA
 


El que históricamente ha hecho conocida esta pequeña población son las aguas termales. De hecho, el nombre de la villa es una mezcla de términos célticos y romanos.
Por un lado, el determinativo de Estrac viene del topónimo Estarac, que proviene del nombre céltico Astaracus. Y de la otra, es sabido que en tiempo de los romanos la población ya era conocida por las aguas termales y era llamada Aquae Calidae, y de aquí viene el nombre de Caldes. De la estancia de los árabes, hay muchas referencias, entre las cuales existe el origen de una leyenda local muy popular: la curación de la princesa mora Fátima, que vino para tomar las aguas y se casó con un prohombre de la villa, en Busquets. Hoy la leyenda sigue viva en las figuras de los dos gigantes del pueblo.
 


En el siglo XI el lugar formaba parte del término del efímero Castillo de Montalt, que pronto pasó a pertenecer al  Castillo de Mataró. En  1219 se construye el que será el núcleo originario de la población, un templo y un hospital al lado de las termas.

 

En 1396 pasó a ser baronía, y fue regida desde el siglo XV por un alcalde nombrado por los consejeros de Barcelona hasta el 1715, cuando Caldes pasó a ser un municipio independiente, al perder Barcelona sus privilegios con el Decreto de Nueva Planta.

 

La llegada del siglo XIX supuso el nacimiento de la villa termal tal como la conocemos. El año 1820, se remodelaron los baños públicos, lo cual hizo aumentar el grado de reconocimiento y prestigio de Caldes d’Estrac. La inauguración del primer ferrocarril de la península, en 1848, entre Barcelona y Mataró, abrió las puertas a un nuevo fenómeno que con el tiempo se haría masivo: el del turismo.
 


En el caso de Caldetes, el turismo empezó como una costumbre, extendida entre la burguesía adinerada de Barcelona, de hacer estancias cortas o ir a pasar los veranos fuera de casa.

 

Esta costumbre, hasta entonces limitada a aquellos que por cuestiones de salud tenían que hacer un cambio de aires, explica que las primeras poblaciones a acoger visitantes fueran las que disfrutaban de tradición termal. Entre ellas, Caldes d’Estrac tenía un gran prestigio.
 

 

La fama del municipio fue creciente hasta lograr su máximo esplendor durante los últimos años del siglo XIX, coincidiendo con el periodo que se denominó "La Fiebre de Oro" (1871-1885) y, los años posteriores, marcados por la celebración de la Exposición Universal del 1888. Durante estos años, los primeros veraneantes, de origen aristócrata, decidieron construir su residencia, fenómeno que agrandó la lista de veraneantes ilustrados, seduciendo a personalidades como mossèn Cinto Verdaguer o Joan Maragall, entre otros.



Con el tiempo, la lista de recién llegados y nuevos residentes se ha ido ampliando y diversificando, respondiendo así a las pautas de los nuevos tiempos. Un ejemplo de los cambios lo encontramos en las transformaciones que a lo largo de los años ha sufrido el establecimiento Colono. Este edificio, situado a primera línea de mar, fue inicialmente un centro de reuniones de burgueses, intelectuales y políticos del siglo XIX, después casino de juego para satisfacer las demandas de recreo de los nuevo-ricos de la burguesía industrial de la época de la Primera Guerra Mundial, y actualmente un complejo moderno y singular, especializado en talasoterapia. También testigos del paso del tiempo son las mansiones modernistas y noucentistas que, entre los años 1917 y 1920, estos acomodados descubridores de esta localidad del Maresme se hicieron construir en el paseo de los ingleses.

 

TERMALISMO

 

Caldes dispone del único balneario de titularidad pública en Cataluña, oferta que se completa con el hotel balneario de talasoterapia Colon. El balneario de Caldes d’Estrac data de principio del siglo XIX y es un edificio de una única planta.
La captación de las aguas mineromedicinales se hace a 300 metros del borde del mar. Desde el macizo granítico del Maresme llega al centro de la villa gracias a una galería subterránea de 22,9 metros de longitud. El edificio tiene una galería principal de espacios reservados a los tratamientos con aguas mesotermales de mineralización mediana, hipotónicas, con una temperatura de 38,8ºC.
La oferta termal es un instrumento para la Cultura del Bienestar. El interés por las aguas de Caldes y sus propiedades curativas se remontan a tiempo inmemoriales.

 


CULTURA Y SOCIEDAD



Con el tiempo, el municipio se ha especializado en la oferta de servicios. Si el termalismo, además de ser un activo por si mismo, ha actuado históricamente como reclamo del turismo, que también se ha visto favorecido por la situación privilegiada de la villa; la agricultura, hoy con una presencia casi testimonial en la economía de Caldes d’Estrac, ha abierto las puertas a otro tipo de actividad económica: la restauración, que disfruta de gran prestigio sobre todo por los dos grandes certámenes que anualmente se organizan, la Pesolada, durante la primavera, y las Jornadas Gastronómicas de la “Mongeta del Ganxet”, durante el otoño.

 

Como complemento idóneo, se encuentra una anchísima oferta cultural a lo largo del año. Especialmente, destaca el Museo Fundación Palau, de interés internacional, que fue inaugurado la primavera del 2003, y que dispone de un magnífico fondo de arte de pintores catalanes y unas sesenta  obras de Pablo Picasso.